A pesar de una leve bajante del río Riachuelo, que descendió a 3,85 metros en las últimas 48 horas, ninguna de las más de 200 personas evacuadas en San Luis del Palmar ha podido regresar a su vivienda. Las autoridades municipales confirmaron este lunes que más de la mitad de los evacuados son menores de edad, lo que agrava la situación humanitaria en los tres centros de refugio activos.
“Tenemos 21 familias en el estadio municipal, 6 en el SUM y otras distribuidas en el polideportivo Mbaya Soto. La mayoría son chicos: bebés, niños en edad escolar y adolescentes. No podemos permitir que vuelvan a casas con agua estancada, barro y riesgo de colapso estructural”, explicó el intendente Reni Buján durante una recorrida matutina por los refugios.
El agua se va, pero el peligro permanece
Aunque el nivel del Riachuelo bajó 5 centímetros desde el viernes, el agua aún cubre patios, cocinas y dormitorios en barrios como San Marcos, El Progreso y La Esperanza. En zonas rurales como Capiity, el acceso sigue cortado por caminos anegados.
“El agua bajó, pero el barro es espeso y hay riesgo de que las paredes cedan. Además, hay cables caídos y pozos negros desbordados. No es seguro”, detalló Bruno Lovinson, subdirector de Defensa Civil provincial, quien coordina los operativos conjuntos con Bomberos Voluntarios y Policía.
Los centros de evacuados, un refugio con rostro infantil
En el estadio municipal, convertido en albergue, se ven colchones alineados, ropa tendida y ollas humeantes. Una madre, María Gómez (36), cuenta mientras amamanta a su bebé:
“Somos siete en la familia. Los chicos no van a la escuela hace 15 días. Acá nos dan comida y médico, pero quieren volver a su cuarto, a sus juguetes. No saben entender por qué no pueden”.
El Ministerio de Salud Pública reforzó la atención pediátrica:
Vacunación antigripal y triple bacteriana.
Control de diarreas y afecciones respiratorias.
Fumigación contra mosquitos para prevenir dengue.
Emergencia oficial y obras pendientes
El Concejo Deliberante declaró el viernes la Emergencia Hídrica, Catastrófica y Sanitaria, lo que habilita al municipio a adquirir materiales de construcción sin licitación.
“Ya compramos ladrillos, cemento y chapas para las primeras reparaciones, pero necesitamos que el agua baje al menos un metro más para empezar”, señaló Buján.
Vecinos y productores rurales exigen respuestas estructurales:
“Esto pasa cada dos o tres años. Falta un canal de desagüe y defensas en el Riachuelo. No puede ser que siempre terminemos así”, reclamó José Ramírez, ganadero del paraje Empedrado Chico.

