A partir de las 00:00 horas de este lunes, el majestuoso Río Paraná, arteria vital de la región, se viste de silencio. La veda pesquera total ha iniciado su curso, prohibiendo la captura, transporte y comercialización de especies ícticas en el tramo compartido entre Argentina y Paraguay. En Ituzaingó, una de las joyas pesqueras de Corrientes, esta medida impacta directamente a cientos de familias que dependen de la actividad, pero también representa una esperanza para la preservación de la biodiversidad en medio de un río golpeado por la bajante histórica.
La resolución binacional, enmarcada en el Convenio de Ituzaingó de 2000, establece que la veda regirá hasta el 20 de diciembre de 2025, abarcando 48 días de pausa obligatoria. Según el Ministerio de Turismo de Corrientes, esta prohibición se extiende desde el arroyo Yguazú (aproximadamente el km 1.900) hasta la confluencia con el Río Paraguay, incluyendo el corazón de Ituzaingó –alrededor de los km 1.300 a 1.400–. Del lado paraguayo, el Ministerio del Ambiente y Desarrollo Sostenible (MADES) alineó sus fechas: del 2 de noviembre al 20 de diciembre en aguas compartidas, con un cierre idéntico para garantizar uniformidad en la frontera.
La veda abarca tanto la pesca deportiva como comercial, afectando a especies emblemáticas como el dorado, surubí, pacú, manguruyú y boga. Prohibido el uso de redes, anzuelos o cualquier arte de pesca, así como la venta de carnadas vivas. En Ituzaingó, donde el puerto fluvial es un pulmón económico, esto significa un freno abrupto a los operativos turísticos y la exportación de pescado fresco, que en años normales genera miles de pesos semanales para los locales.
La medida no es casual: el Paraná atraviesa una de sus peores bajantes en décadas, agravada por el cambio climático y fenómenos como El Niño. Estudios del Instituto de Ictiología del Nordeste (INICNE) revelan que la reproducción de las especies ya se ve comprometida por el bajo caudal, con larvas detectadas en muestreos recientes que exigen protección inmediata.
Excepciones y Fiscalización: Un Equilibrio Frágil
No todo es restricción absoluta. La pesca de subsistencia se permite para ribereños con licencia: hasta 5 kg por persona al día, solo desde la costa o canoas a remo, sin fines comerciales. Además, se autoriza la venta de peces cultivados –como tilapia o carpa– y productos importados, siempre con trazabilidad documentada. Los comercializadores tienen hasta 10 días para agotar existencias declaradas antes del 4 de noviembre.
